Psicologia y Sexo

La sexualidad es una acción que está integrada en el conjunto del resto de las acciones del ser humano. Lo más frecuente es que la sexualidad forme parte de una relación de pareja (excepto en la masturbación individual en la que la relación es con uno mismo.
El primer momento de la acción es aquel en el que se esta pensando en ella. Si se pregunta a alguien, qué haces?, contestará, estoy pensando en que quisiera hacer el amor.
Pero de tener ganas a estar hacerlo está la distancia que media entre la imaginación y la realización. Pero si la persona tuviera las condiciones adecuadas pasaría de las ganas a los hechos. Un primer paso para que la sexualidad funcione es tener ganas. Por esta razón cuando se hace el amor por obligación, por piedad, a disgusto, etc. no se suele obtener auténtica satisfacción.

Etapas de la sexualidad

El bebé, que no ha configurado todavía la respuesta sexual, experimenta la sexualidad simplemente al azar de sus descubrimientos sensoriales, y de forma incompleta.
En el período infantil, en el que hay un perfeccionamiento de las distintas habilidades mentales y motoras, también se adquiere una mayor integración del cuerpo propio, dándose ya, el comienzo del esquema sensorial susceptible de configurarse como excitación sexual: el tipo de caricia táctil, estímulos olfativos y visuales, sensibilidad genital.
En esta etapa los resultados son muy variables según la educación recibida y un componente azaroso considerable.

La información sexual

El niño no descubre la realidad por sí mismo sin ningún tipo de explicaciones de cómo es esa realidad. Este es el sentido de las preguntas típicas de porqué esto y lo otro.
Cada vez hay más niños a los que se les educa con mayor liberalidad, con lo que tienen la oportunidad de aprender, jugando, el funcionamiento natural de la sexualidad. A través de sus propias exploraciones sensoriales, una información fidedigna, y sus propias experiencias en las relaciones infantiles. Tal vez haya que hablar todavía de los derechos del niño, entre otros, a su sexualidad, y que en algunas sociedades que nosotros llamamos primitivas ya tienen.
Conforme las vivencias sexuales se van perfeccionando se complican las condiciones que se le exigen. Aparece la aspiración de tener relaciones interpersonales de intercambio de prestaciones sexuales. Y hay un abismo entre masturbarse y realizar un coito: la relación con un sujeto de carne y hueso pasa por la aceptación de una persona que posee independencia, autonomía, libertad, deseos como nosotros.

El amor

El amor, que es una de las principales emociones del intercambio, es el más adecuado para que funcione la sexualidad en una relación de persona a persona. Si la sexualidad con el otro no se basa en por lo menos un intercambio amistoso, degenera en una especie de masturbación, en la cual al otro le hacemos tomar el papel de objeto sin serlo realmente.
Esta condición amorosa complica la sexualidad bastante más que en el caso de la masturbación, pero a cambio proporciona una mayor riqueza. Se puede ver en principio mayor conveniencia en aprender a conseguir triunfar en la sexualidad interpersonal que renunciar y dedicarse a la masturbación, siempre que se persiga la máxima intensidad sexual.

Las relaciones sexuales

El nivel de excitación es variable en la sexualidad. Un primer punto de partida para la consecución del orgasmo es la técnica masturbatoria, con su imaginería erótica por un lado, y por explotación puntual y mecánica de las zonas más sensibles, creando con ello un resultado determinado en cuanto a los niveles de excitación alcanzados.
En una pareja es muy posible que las cosas vayan en un principio peor que cuando ambos se masturbaban por separado. Ambos están descubriendo fórmulas nuevas de excitación.
Para que las cosas vayan bien es necesario que la mujer se excite de una manera más intensa y que la penetración, estimulando indirectamente el clítoris, sea capaz de provocar el clímax. En el caso del varón repartir su excitación a todo el cuerpo y controlar el ritmo excitatorio antes de alcanzar el orgasmo.
En la relación interpersonal los servicios mutuos prestados forman un conjunto de potenciadores de la sexualidad, de forma que el entendimiento mutuo, el lenguaje que los amantes crean para su sexualidad, la riqueza de su sensorialidad, la presencia del amor, etc. realzan la sexualidad hacia cotas cada vez más altas y satisfactorias.
Con el paso de los años la excitación sexual disminuye porque se atrofian en parte los sentidos, aumentan los problemas y no se saben encontrar con imaginación recursos nuevos.

La sexualidad en la sociedad

Una de las primeras reglamentaciones sociales que apareció en la historia humana fue precisamente sobre esta amor-sexual, y ello debido a la relación entre sexualidad y reproducción, la relación general entre hombres y mujeres, y las antiguas religiones familiares. A esto se le llama modelos de relación e imponen condiciones especiales a las relaciones sexuales. Hoy en día existe una mayor libertad en cuanto a reglas sociales entre personas que quieren tener relaciones sexuales. Se ha vuelto más flexible el modelo, aunque no deja de haberlo, ni por ello renuncian a seguirse dando como emociones amorosas más o menos intensas. Cada grupo social instituye sus propias normas a propósito de la sexualidad. Esta normativa permite hablar de lo que es perverso, lo que va contra las normas emitidas. En ocasiones se olvida este modelo social normativo y en vez de hablar de transgresores se trata de enfermos. El modelo médico, en ocasiones, se utiliza socialmente para lo que no serían verdaderos trastornos funcionales de los órganos corporales. En el pasado se veía al homosexual, por ejemplo, como un enfermo con algún tipo de trastorno genético.
También ha ocurrido con la religión de años atrás, que se recomendaba que no se llegara al orgasmo, sobre todo en el caso de las mujeres. Se veía con malos ojos el placer sexual, y la política era reducirlo lo más posible o suprimirlo del todo.
La sexualidad, como todas las actividades de la vida, son pensadas por la humanidad bajo puntos de vista diferentes. En ocasiones es una actividad pecaminosa, en otras se exalta como lo más importante de la vida. Se integra en el matrimonio como institución o se permite cualquier tipo de relación amistosa.
También el ambiente de algunas instituciones cerradas se convierte en censor de la sexualidad, por diversas razones: en las cárceles como forma de castigo y privación, en los hospitales por supuestas razones de salud o necesidades organizativas, en los hospitales psiquiátricos para evitar líos, o en otro tipo de grupos a veces aparece una especie de tabú por la suposición de que la permisividad sexual amenazaría o deterioraría al grupo.



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